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10.18.2010


WITTGENSTEIN ENTRE NOSOTROS

Observaciones a las investigaciones filosóficas

sobre Wittgenstein en San Marcos

La recepción crítica de problemas y tradiciones de discusión heredados de la filosofía occidental ha constituido una de las fórmulas en que se ha desarrollado el filosofar en nuestro país. En el caso particular de la tradición sanmarquina, y desde la perspectiva analítica, el pensamiento filosófico de Ludwig Wittgenstein y sus implicancias constituye un claro ejemplo de ello. Salazar Bondy, Abugattás, Ballón, son algunos de los nombres de filósofos sanmarquinos que contribuyeron a cimentar una relativa continuidad en la investigación filosófica en torno a la obra de Wittgenstein. En los últimos años, nuevas tesis de grado se han presentado en esta misma dirección, y todo parece indicar, que las discusiones continuarán con el propósito de enriquecer el debate. Son estas las principales razones por las que consideramos apropiado y relevante hacer un recuento analítico de dichas investigaciones, pero sobre todo, porque conforman nuestra tradición de discusión. La finalidad de este conversatorio es discutir la continuidad de tales investigaciones a través de un análisis conceptual y argumentativo, evaluando los supuestos y marcos de referencia, y procurando avizorar hacia donde nos conducen.

(Nota de los organizadores)

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Contratapa Menos Platón y más Darwin

11.10.2009



Álvaro Revolledo Novoa
Menos Platón y más Darwin


Cuando recordamos los nombres de algunos de los filósofos que más han influido en el pensamiento occidental aparecen casi siempre junto a ellos en nuestra mente una serie de imágenes y metáforas que han sabido permear el sofisticado planteamiento de sus sistemas filosóficos. Platón, San Agustín, Hobbes, Marx, etc., ninguno es la excepción. El lenguaje técnico propio de los discursos filosóficos se ve así traducido a expresiones poderosas que vienen a constituir la base de muchos de nuestros esquemas conceptuales. En este libro, Revolledo Novoa inicia sus reflexiones a propósito de dos metáforas particularmente frecuentes en el ámbito analítico y comunes también a las preocupaciones epistémicas: escaleras y espejos. Esta es una forma de perfilar el hilo conductor de varios de los ensayos aquí recogidos bajo los tópicos del naturalismo, escepticismo y representacionismo, desde los cuales el autor se plantea el problema de si podemos tener un acceso a la realidad del mundo exterior o si podemos conocer el mundo tal y como es, analizando las posibilidades que desembocan en el cientificismo y el relativismo cultural.

En el ensayo que da título a este libro, el autor argumenta que las críticas de Rorty al representacionismo desde un supuesto darwinismo contravienen el modelo de ciencia que el propio Darwin asumía, ya que, como científico natural, partía de un esquema representacionista en que las hipótesis debían ajustarse a los hechos del mundo que querían explicarse para ofrecer un conocimiento verdadero. De este modo, concluye Revolledo Novoa, el intento de Rorty por presentarnos a un Darwin meramente pragmatista es como abrazar un darwinismo sin Darwin.

Menos Platón y más Darwin es un interesante libro que convoca las voces de varios autores de la filosofía contemporánea como Wittgenstein, Strawson y Rorty, pero además, como mérito del autor, muchos de los aportes filosóficos de connotados maestros sanmarquinos como Salazar Bondy, Alarco y Abugattás.


Álvaro Revolledo Novoa es profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde ha dictado las cátedras de Lógica, Teoría del Conocimiento y Filosofía del Lenguaje. Ha publicado en esta casa editorial En busca de la virtud. La ética del emperador y del esclavo.

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Presentación de Libro



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Inauguración de Ciclo sobre Darwin

5.23.2009







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SEMINARIO DE LOS VIERNES FILOSÓFICOS

“FILOSOFÍA, CIENCIA Y SOCIEDAD DESPUES DE DARWIN”



Discurso de Apertura

LA FIESTA DE DARWIN

Por Álvaro Revolledo Novoa

Este año 2009 coincide una doble celebración para el mundo de la ciencia: el bicentenario del nacimiento de Darwin y el sesquicentenario de la publicación de su obra más conocida “El origen de las especies”. Desde ese espíritu, y con el ánimo de conversar y compartir nuestras diversas impresiones a propósito de esta celebración, la Escuela y el Departamento de Filosofía han organizado el presente ciclo de conferencias titulado “Filosofía, ciencia y sociedad después de Darwin” invitando a un grupo de profesores y amigos que nos presentarán durante las siguientes semanas algunos de sus puntos de vista sobre por qué sigue siendo importante leer a Darwin hoy.

Para retratar a Darwin, una idea sencilla pero atinada es la de caracterizarlo como un “naturalista curioso”. Nacido en el seno de una familia acomodada y distinguida hacia el 12 de febrero de 1809, Charles Robert Darwin se vería orientado, como parte de una tradición familiar regida por su abuelo y su padre, hacia la medicina, la misma que empezó a estudiar en Edimburgo a los dieciséis años y abandonó poco después.

Tras este episodio, viajó a Cambridge donde realizó estudios de teología, pero en particular se vio interesado, gracias a sus profesores y amigos, por la botánica, la zoología y la geología. Al licenciarse, por una recomendación de su profesor de botánica, tutor y amigo, el reverendo John Stevens Henslow, por quien Darwin sintió una gran admiración, tuvo la oportunidad de formar parte de la tripulación del Beagle en un viaje alrededor del mundo. Darwin tenía veintidós años cuando el Beagle zarpó de Davenport, el 27 de diciembre de 1831, en una aventura científica que duró cinco años.

La tarea de Darwin como naturalista durante el viaje fue la de observar y coleccionar especies de plantas y animales encontrados en las tierras visitadas. Conocía muy bien las técnicas para disecar aves y coleccionar fósiles. Este era el terreno en el que más se destacaba, el trabajo de campo. Pero más allá de la mera colección de nuevos datos, que evidenciaban sus dotes para la observación acuciosa, Darwin también se caracterizó, como explica el biólogo español Faustino Cordón, por su “imaginación creadora”, por “su capacidad de idear hipótesis de trabajo a veces muy audaces pero siempre con una firme base objetiva”. Este rasgo es particularmente importante, pues nos indican que, en general, las observaciones científicas requieren de un anclaje teórico, de un marco desde el cual se organice la información para ser interpretada correctamente. Es así que Darwin, al concebir las primeras formas de su explicación del cambio de las especies por el mecanismo de la selección natural de los más aptos, escribió en su diario: “¡por fin tengo una teoría desde donde observar¡”
Al regresar a Inglaterra, Darwin tardó más de veinte años en organizar su obra monumental, y sólo se decidió a publicarla por la presión mediática que significó la investigación de Alfred Russell Wallace, quien sostenía una teoría muy parecida a la del propio Darwin. En 1859 se publica, en un número de 1 250 ejemplares, la primera edición de Sobre el origen de las especies a través de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.

Desde entonces, no han faltado los debates y las polémicas en torno a las teorías planteadas por Darwin y las consecuencias que de ellas se desprenden. Por ello, más allá de aceptar a pie juntillas las palabras de Darwin, lo que de seguro él mismo no habría recomendado ni estaríamos en condiciones de hacer, lo que nos queda a nosotros es estudiar el impacto de su obra tanto en el ámbito científico como en el plano social.

Son éstas las consideraciones que podrían llevarnos a sugerir que la historia de la humanidad se divide en dos momentos: antes y después de Darwin. En esa línea de estimación de la obra de Darwin, el etólogo británico Richard Dawkins escribe: “Darwin nos capacitó para dar una respuesta sensata al niño curioso (…) Ya no tenemos necesidad de recurrir a la superstición cuando nos vemos enfrentados a problemas profundos tales como: ¿Existe un significado de la vida? ¿Por qué razón existimos?, ¿Qué es el hombre?”. Para Dawkins, la importancia de Darwin traspasa las fronteras del discurso científico, y se compenetra muy bien con cuestiones de índole filosófico y humano, no obstante que: “La filosofía y las materias conocidas como “humanidades” todavía son enseñadas como si Darwin nunca hubiese existido” (El gen egoísta, pp. 1-2)

Nuestro evento, incluido en la lista de las actividades del Darwin online, que reúne la agenda de exposiciones y conferencias en homenaje a Darwin en todo el mundo, es una oportunidad para que, a través del legado del naturalista inglés, podamos discutir nuestra propia condición humana.

Así como les debemos, en particular, una admiración personal a figuras descollantes del genio humano como Aristóteles y Newton, nuestra pequeña y selectiva lista estaría incompleta sin Darwin, a cuya inquietud científica incansable se debe la aparición de nuevas disciplinas, como la ecología y la etología.

Finalmente, dicha admiración hacia Darwin puede quedar muy bien expresada en las palabras de Sir Julian Huxley: “lo que más llama la atención de Darwin es su pasión por la verdad (…) Demostró que la curiosidad y la iniciativa, la honradez meticulosa y la amplitud de miras son más que suficientes para triunfar, y un requisito esencial para la conquista de nuevos horizontes” (Darwin, p. 195)

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